Merino Barber Shop

 

Cuando sales con tu bicha y llegas a destino – a no ser que lleves el look de Kiko Matamoros-, te quitas el casco y las más de las veces pensamos, con esos pelos de Chucky y esa barba larga completamente anárquica, que nuestra cabeza necesita un paso por chapa y pintura.

Y qué mejor que bajarnos de nuestro sillín y sentarnos en los cómodos sillones de un auténtico rider barbero que nos comprenderá perfectamente lo que queremos y entenderá nuestros gustos y aficiones.

Cuando alguien lleva en la sangre su oficio, la pasión por lo que ama simplemente se eleva a la enésima potencia. Este es el caso de Pedro Merino, un barbero de quinta generación que ha ido creciendo en su profesión y en su devoción por las dos ruedas. No hay muchos en su oficio que nos puedan entender tanto como él.

La profesión de barbero corre por sus venas y su gusto por las motos le hacen correr por el asfalto con la misma entrega como si hubiese nacido para hacer la ruta 66 en bucle a lomos de su Harley.

Los inicios de Merino Barber Shop

Aprendió el oficio de barbero de pequeño blandiendo navajas, tijeras y brochas a la par que empuñaba manillares de las distintas máquinas que iba conociendo.

Tiene más premios que un mundial MOTOGP

Ahora, después de mucho recorrido tanto en su empleo como en su afición, es capaz de enarbolar herramientas mucho más poderosas. El que se lo pide, le corta el pelo y la barba con hacha, y con las motos se desenvuelve en una Harley, parece que el resto de las máquinas se le quedan canijas.

Es de la religión irredenta de la marca emblemática de Milwaukee por excelencia y su amor por las motos nos lleva a hacer este reportaje. Y de paso ya nos hemos hecho un repaso, y que conste que no ha sido por la «patilla».

Be A F***ing Gentleman

Su lema es Be A F***ing Gentleman. En idioma payo «Se un puto caballero». Y lo lleva a cabo tanto en su barbería como encima de una moto. Vale la pena experimentar una visita, conocer peña afín, echar un billar y hablar de lo que más nos pone: las motos.

Dice el refrán que cuando “veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar”. Este no es el caso de la persona que nos ocupa hoy: cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a perfilar.

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